Una de cal, cuatro de arena
Sep 09, 2006 in como viviremos, música
Pepe Cervera da en el clavo en su análisis de la aparcición de una nueva ’startup’ que ha levantado bastante revuelo en la websfera estos últimos días.
Me ha encantado así que además de enlazarlo (y aprovechando que 20 minutos tiene licencia CC) lo reproduzco entero:
Fuente: El Retiario del Diario 20 Minutos
Fecha: 8 Septiembre 2006
Autor: Pepe Cervera
Una de Cal y Cuatro de Arena
Dos fonográficas ya, dos, de entre las mayores del mundo se han apuntado a distribuir su música de modo gratuito por Internet. No, no se han vuelto locas: lo harán a través de un servicio denominado SpiralFrog que se ganará el sustento (con que pagar las tasas que les cobran) por medio de publicidad. Lo que quiere decir que a pesar de lo que nos han estado contando, sí que hay alternativas para la industria musical que no pasen por cobrar un tanto al usuario por cada copia distribuida. Tomen nota los autores: existen modelos alternativos de rentabilizar la música a través de la Red.
Pero no son éste.
Los acuerdos firmados por SpiralFrog le permiten acceder a una enorme porción del mercado, ya que Universal reune el 37% (tras su reciente absorción, si Bruselas quiere, de BMG) y EMI el 12% más, en total casi el 50%. El conjunto incluye músicos tan variados como Christina Aguilera, Robbie Williams, Justin Timberlake, los Beach Boys, Barry Manilow, Arctic Monkeys, Kelly Clarkson, Eminem, Enya, Nelly Furtado, Gorillaz, Coldplay, los Rolling Stones, Jay-Z, Alicia Keys, Scissor Sisters, U2, the Yeah Yeah Yeahs y Bob Marley. Aun así faltará una gran cantidad de música en los servidores de SpiralFrog, música que el respetable buscará en otro lugar. Aunque lo que condena al fracaso al proyecto no es sólo el catálogo.
SpiralFrog exigirá escuchar minuto y medio de publicidad para bajar una canción, en formato WMA (iPods, fuera) y cargada de restricciones mediante candados tecnológicos tipo DRM (no se podrán grabar en CD, ni escuchar en más de un limitado número de máquinas). Para colmo las canciones son perecederas: desaparecerán del disco duro espontáneamente si no se visita una vez al mes la página de la empresa para recibir más anuncios. Y en cualquier caso pasado un tiempo, caducan.
El precio a pagar, en atención, es desproporcionadamente alto por el préstamo de una canción, escogida de entre un catálogo restringido, para escucharla en sólo algunos aparatos durante un tiempo limitado. Sobre todo cuando existen alternativas reales, aunque sean ilegales. Una vez más, y no es la primera, la idea original no es mala; incluso va en la dirección de la historia. Pero la cicatería en la ejecución asegura que este primer intento de financiar la música con publicidad fracasará. Si la industria fonográfica quiere sobrevivir van a tener que impedir que sus amigos (¿sus propios abogados?) saboteen los nuevos modelos de negocio antes de nacer. Porque con una de cal y cuatro de arena no van a ninguna parte.
Gracias Pepe !!





