Diario de vacaciones (II): Atenas

El único inconveniente de estos cruceros es que no dispones del tiempo suficiente para ver cada sitio donde atraca el barco y aunque ya contaba previamente con ello, en el caso de Atenas la visita me supo a poco. Apenas estuvimos 6 horas en la capital helena y me hubiera gustado poder disponer de más tiempo para pasear y ver cosas… pero bueno… como toma de contacto no estuvo nada mal, y eso que fue para mi gusto la excursión más flojita de todas las que hice en este crucero. Pero he de volver a Atenas con más tiempo.

Solo tuvimos tiempo para ver el Partenon y el Museo arqueológico. Y fue una sensación mágica. Atenas, como París, Londres o Nueva York era uno de mis retos pendientes… un lugar al que siempre había querido ir.

Es difícil de explicar…es una sensación que se mantiene después de muchos años, desde que en el colegio cuando era un crío estudiaba y veía esos monumentos en los libros… y ahora estaba frente a frente con uno de los monumentos míticos de mis años de estudiante; lo podía tocar (previa bronca de los vigilantes del recinto y de la guía de la excursión). Aunque toda la Acrópolis está llena de andamios y grúas (están restaurándola) la sensación es magnífica, la visión del edificio es mayestática, sobre todo cuando vas subiendo por la rampa de acceso, entras por la Puerta Beule, atraviesas los Propileos, contemplas el templo de Atenea Niké y rodeando el edificio accedes a la parte frontal del Partenón; tras haber disfrutado con la visión de las archiconocidas Cariátides del Erecteión.

A pesar del mal tiempo (hacía un viento insoportable y comenzaba a llover) y de las manadas de colegios y visitantes (entre los que me incluyo) pudimos disfrutar de unos minutos de tranquilidad frente al Partenón, de espaldas al Teatro de Dionísios para contemplar con más calma todo los edificios, antes de que la guía (una ateniense genial y un poco alocada) ‘tocara retirada’ y nos sacara de allí, camino del Museo Arqueológico.

Para los que no hayáis estado nunca allí, tenéis aquí una vista virtual de la Acrópolis bastante buena (si… ya sé que no es lo mismo, pero bueno…).

De camino al Museo Arqueológico dimos una vuelta por Atenas, ciudad caótica, mezcla de nuevo y viejo, de clásico y moderno, me recordó mucho al desorden de ciudades como Oporto y Lisboa, con sus casas sucias y grises al lado de magníficos monumentos, de preciosas iglesias ortodoxas que desgraciadamente no tuvimos oportunidad de ver.

El Museo Arqueológico es un edificio neoclásico, con 32 salas recién acondicionadas (solo vimos 16) y que recoge lo mejorcito de la escultura, las artes menores (espléndia colección de joyas) y la cerámica griega desde la cultura micénica hasta el periodo de máximo explendor helénico.

Impresionante la esculturas de bronce de Poseidón, la del niño a caballo (conocido popularmente como “el jockey“), o la del efebo de Anticítera, así como los restos de los frisos de los partenones de Santorini (entre otros) y las máscaras funeráreas micénicas, entre ellas la famosa de Agamenón (otro ‘clásico’ de los libros escolares). Una visita muy muy recomendable.

Para finalizar me fui, ya en el tiempo libre que te da la organización, a la puerta del Parlamento (antiguo Palacio Real) a ver el cambio de guardia de los Evzones, soldados con el traje nacional griego que realizan una peculiar ceremonia cuando son relevados de sus puestos (y al igual que los soldados de la Reina de Inglaterra no pueden mover ni un músculo mientras están de guardia).

NOTA: como veréis no hay fotos de Atenas en el álbum de mis vacaciones; la p… tarjeta de memoria de la cámara falló en el momento más inesperado.

Leave a Reply